Entre Ibáñez y Balvorín, los artilleros que antes salvaban al santo, no llegan juntos a la cantidad de los goles de Juan Amieva, el goleador del torneo. La sequía de los tucumanos afecta al equipo de Ragusa.
En los momentos de mayor apremio de Juventud Antoniana en temporadas pasadas, cuando el funcionamiento colectivo no colmaba las expectativas o cuando el equipo más los necesitaba, aparecían ellos, los tucumanos más queridos por los hinchas en el plantel actual del santo, los dos veteranos de guerra, quienes con su oficio, su experiencia, el "plus" que les otorgó en más de una oportunidad su categoría y el haber conocido el roce con la primera división, colmaron con goles y rendimientos el paladar de los seguidores antonianos: Gustavo Balvorín y Gustavo Ibáñez. El dúo dinámico del santo supo resguardarse y tener inmunidad del incendio general de la crítica cuando la realidad exasperaba y cuando los fieles pedían renovación y la chance para "los pibes", aquel pedido tan repetido en los últimos años.
Sin embargo, cuando ellos no aparecen, cuando no gravitan lo suficiente, cuando no merodean seguido por la red y cuando se les moja la pólvora, el equipo lo siente y mucho, al punto de que Juventud ganó un solo partido en apenas cuatro meses (4 puntos de los últimos 18 en juego, sumando fase clasificatoria y nonagonal del torneo Federal A).
Balvorín, puntualmente, no infla los piolines oficialmente desde el 27 de noviembre del año pasado, cuando Juventud venció a Gimnasia 2 a 1 en el Martearena en el último clásico de la etapa regular. Mientras que el Ratón no "moja" desde el 23 de noviembre de ese mismo año, cuando el santo se impuso por 2 a 1 a San Jorge, también en el Martearena.
Sin embargo, estos datos elocuentes no van en desmedro de sus dos delanteros más importantes; por el contrario, pintan de cuerpo entero la realidad grupal, la del colectivo, el notable déficit en ataque que es propio de Juventud al margen de quiénes sean sus intérpretes en ofensiva, más allá del irregular presente de sus individualidades.
Esto queda en evidencia al reflejar que Juventud festejó una sola conquista en la red en los últimos cinco partidos (Pablo Garnier a Altos Hornos Zapla por el nonagonal) y cosechó un solo triunfo en seis partidos; dato de la realidad que refleja la carencia de generación y de gol de los demás componentes, que tampoco gravitan en el área contraria a la hora de compensar los yerros de sus cañoneros tradicionales.
El DT Salvador Ragusa espera que a partir de mañana, cuando Juventud reciba a Unión Aconquija, a las 22, en el Gigante del Norte, por la cuarta fecha del nonagonal, esa tendencia comience a torcerse. Y en Lerma y San Luis son conscientes de que la recuperación debe ser inmediata, sin postergaciones, porque el tiempo no sobra y un nuevo acto fallido puede dejar al santo con un pie prácticamente afuera del pentagonal final por el primer ascenso. En el santuario y alrededores esperan que sea justamente el estadio de la Vicente López, aquel escenario que le dio tantas alegrías en clásicos, el que corte la mufa y seque la pólvora de sus protagonistas.
El santo necesita con apremio el triunfo mañana, y para recibir al estanciero el Profe definió ayer, en la práctica de fútbol, tres cambios en el equipo en relación con los que cayeron goleados por Chaco For Ever.
Los defensores Caín Fara y César Albornoz, más el volante Marcos Litre, relevarán a Jorge Peirone, Rodrigo Herrera y Claudio Ávalos en el once.
Los goleadores
Gustavo Balvorín es el máximo artillero del santo en el torneo, con 6 goles; sin embargo, sólo convirtió una vez en la era Ragusa y lleva cuatro meses sin gritar un gol.
Dos tantos acumula el otro delantero de importancia, Gustavo Ibáñez. Su último antecedente en la red fue un doblete ante San Jorge, el 23 de noviembre de 2016.
Ricardo Gómez, César More y Cristian Girard (rescindió a fin de año), les siguen a los tucumanos en la tabla de goleadores del antoniano en la temporada, con dos conquistas cada uno.